Me distancié por largo tiempo.
No estuve bien… y les voy a contar el por qué…
Tengo una familia de gatos. Todos rescatados. El año pasado unos vecinos nos los vinieron a tirar a la casa y yo no los pude regalar. Me quedé con todos ellos.
Fueron y son mi verdadera familia. Durante esta pandemia me han mantenido ocupada, preocupada y entusiasmada. Poco me han importado los problemas externos. Me han dado una energía maravillosa. Junto con mi gran interés por ellos, he tenido intereses por las plantas. He cultivado algunas cosas. Reconozco que comencé a hacerlo por ellos. Descubrí que el pasto es bueno para las bolas de pelo y decidí comprar semillas y cultivar. Junto con ello, compré almácigos de acelgas, tomates cherry, semillas de pimentones y ajíes y armé un pequeño huerto. Ha sido mágico.
Disfruté largamente de la felicidad.
Dejé de sentirme tan podrida y comencé a interesarme por otros seres y cosas.
Pero en Junio pasó algo. Uno de mis gatos, aún cachorro, salió a jugar a la calle. Trepó un árbol, le dije que se cuidara y le sonreí. Entre 20 segundos a mi casa y al salir… al salir… Dios… lo recuerdo y se me aprieta el corazón y me pongo a llorar… al salir mi gatito, mi lindo cachorrito, tan bello, regalón y amoroso, colgaba de las fauces de una perra Pitbull. Se lo llevaba como quién ha cazado el alimento del día. Yo comencé a gritar desesperada. Lo llevaba del cuello, y no sabía qué hacer. Entre a buscar las llaves. Le grité y le tiré piedras y logré que lo soltara. Cuando lo volvía ver, tenía la mitad de su hermosa carita completamente destrozada.
Corrí a tomarlo en mis brazos. Me araño y comencé a hablarle y se calmó. Pero tenía la mitad de su cabeza prácticamente molida.
Llegué llorando a la veterinaria. Pero yo lo sabía… mi gatito llegó muerto.
La perra Pitbull, le había perforado un pulmón, dislocado un bracito, quebrado la cervical y le molido de un solo tarascazo su cabecita. Mi Perita (así le había puesto)… mi lindo Cachorrito, mi Batman, mi monito de ojitos soñadores me lo habían matado.
Volví a casa con él muerto. Y yo destruida.
Vi todo y recordar ese momento me destroza el alma.
Aún hoy, varios meses han pasado y justo en este momento lloro amargamente al recordarlo y escribirles esto.
No podía dormir soñando con la perra matándome a mis otros gatos. Lloré día tras día, hora tras hora. Era de nunca acabar. No podía detener este dolor tan gigantesco y no lograba levantarme. Recurrí a una vieja amiga psicóloga y me dijo que tenía Stress post traumático y que estaba sumida en la ansiedad y la depresión. Me dio pastillas para lograr descansar y ver todo desde otra perspectiva.
“No fue tu culpa” Todo el mundo me dice lo mismo y no dejo de sentirla. Sé que fue mi culpa por no haberlo cuidado. Son MI responsabilidad, son MIOS, Yo los dejé en casa, yo los deseaba desde hace años y son mi gran regalo de vida. Perita era mi regalón, porque yo era la regalona de él. Pasaba largas jornadas echado al lado mío. Cuando llegaba salía a mi encuentro, nos amábamos. Como no sentir culpa si él era mi responsabilidad. Siempre le dije que no se fuera que debía llegar a viejo conmigo, morir en mi cama y yo lo enterraría con amor y una inmensa gratitud de haberme elegido como su humana y haberme hecho tan inmensamente feliz.
Mi error, mi irresponsabilidad le quitaron su vida.
Cuatro meses y cientos de meses pasaran y jamás me lo perdonaré. No importa lo que me diga la gente, yo perdí a un pequeño ser que amaba muchísimo.
Recién desde hace un par de semanas pude volver mi mirada a ese pasado doloroso y decidir contarles el porqué de mi larga ausencia.
No podía articular una sola frase sin sentirme vacía y rellena de un dolor que me crujía en el pecho.
Quizás para mucha gente llorar así por un animal es ridículo. Y no, no los voy a entender.
Siempre me pregunto cómo es que esos pequeños seres peludos son capaces de hacernos sentir un amor tan inmenso. Un amor que casi no cabe en el ser.
Les voy a pedir algo a continuación… sé que muchos empatizaran con mi dolor y algunos comenzaran a atacar a la perra Pitbull que mató a Perita. Pero no… eso no es tan así.
Reconozco que con el pasar de los meses odié a esa perra y verla para mi es motivo de ansiedad y angustia. Pero no es su culpa. Está en su naturaleza. Así como yo asumo la responsabilidad de todos mis animales, la Perra tiene amos. Amos que no la cuidan y la protegen. Amos que la sueltan en la mañana para que haga sus necesidades en los jardines de los vecinos, que no la alimentan, que no le dan agua y que cuando está en celo la convierten en un animal constantemente abusado. Animal cuyos amos, le venden luego esos cachorros y la utilizan como esclava.
Si debemos odiar, hay que hacerlo a los seres correctos: a sus amos.
Les pido perdón por lo largo e inútil de este texto. Pero este blog lo tengo para esto, para desahogarme y contarles cosas de mí, de mi ser más profundo. Contarles a ustedes quién soy realmente y qué dolores me aquejan en esta vida.
Como muchos de ustedes… también necesito sentirme aceptada y querida…
Perdón por la larga ausencia…
Soy Depresiva.