sábado, 5 de septiembre de 2015

Ser una cebolla

Un colchón. El piso de madera se extiende frente a mi. La ventana me mira. Yo la miro a ella. Hace veinte minutos que nos observamos. Sé que ella se está aburriendo. Lo sé, porque así es siempre. Todo el mundo parece aburrirse de mi.
Lo que esta estúpida ventana no sabe, es que estoy en una etapa de mi vida en la que también me aburro de muchas cosas. Para empezar, estoy cansada de mi misma. Me duele ser yo. No es fácil cargar con mi mente, con mis dolores, con mi propio aroma a fracaso. No.
Con mayor razón y frecuencia me hastía la gente. Gente que se dice ser mi amiga me llama por teléfono, me escribe por WhatsApp, me manda mensajitos por Facebook. Me habla de cosas que no me interesan. A quién le importa que le guste tanto el tipo que me desea presentar, sobre todo, a quién le gusta escuchar que a ese mismo tipo se lo “comerá” el fin de semana que sigue porque le tiene ganas. A mi no.... Tampoco me interesan los problemas profesionales de mi jefe, las complicaciones de mis alumnos, los dilemas sociales de los que me rodean, los malabares monetarios en esta economía deficiente, ni menos me interesan los rompecabezas de parlamentarios parasitarios del fisco.
Soy yo... batallo día con día con mi ser y lo tengo que hacer sola, porque nadie se preocupará de mi. Porque solo a mi me interesa mi propia existencia. Porque si me pego un tiro, mandaran flores, darán el pésame, se lamentarán, se darán vuelta, cogerán una cerveza, se drogarán y mi cuerpo seguirá el curso normal de todos los muertos... y aquellos vivos, que no estuvieron en mis horas malas, seguirán con sus vidas... así es y no deberíamos lamentarnos.
Quizás los que tenemos depresión gozamos de exceso de ego. Lo pienso siempre que me quejo cuando alguien no me escucha porque está preocupado de la entonación interminable de su propia voz, interesado en que el mundo entero conozca sus rústicas hazañas.
Me desconsuela no ser más importante para mi entorno. Ego en ebullición. Me angustia pasar por esta vida y no haber dejado huella en alguien, en algo. Me pregunto a qué vine, a dónde debería ir, por qué no me logro conformar con quien soy, por qué quiero más y me enloquece no saber qué es ese más...
El vacío crece, es como tener una sepultura en mi pecho que en vez de tierra, se come mi piel, mi carne, mis deseos, mi poca fe.
La ventana parece cerrarse un poco, está tan fatigada como yo de estas reflexiones...
El suelo de madera se ve más duro, pero parece prometerme que no se moverá de su lugar...
El colchón es un buen refugio... me acurruco, cierro los ojos y me dejo caer en el silencio con un largo suspiro... me juro a mi misma que será la última vez que caeré, me prometo que es la última vez que me dejo vencer, con fervor absoluto confirmo lo que siempre me digo “soy una cebolla... tengo capaz... estoy en una capa mala... solo debo eliminarla y continuar... eliminarla y continuar... eliminarla... y continuar...


Soy Depresiva.

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