miércoles, 16 de diciembre de 2020

Navidad.

Se acerca la fecha más vacía y sin sentido de cada año.

Este año hay miles de excusas. Todo para aumentar el consumo, gastar, comer, enloquecer.

Mi familia goza del mismo aparentarismos que muchas otras. Vienen mis hermanos y llenan de regalos a mi mamá. Lo que desea ella, se lo compran. Pero, solo cosas materiales. Hace dos años que les pidió ayuda  para cambiar la techumbre, dos años que nos seguimos lloviendo, porque a mi no me da la gana arreglarlo.

No me da la gana, porque ella me saca "en cara" esos super regalos de mis hermanos. Yo no me puedo dar el gusto de regalar cosas costosas e inútiles, según mi punto de vista. no puedo porque yo sostengo una casa, sola. Pago cuentas, compro los enceres, etc. etc. No, no puedo dar el lujo de comprarle una super mega televisión. 

El otro día me senté y me puse a pensar en cuanta ropa me compre este último año. Nada.. Retrocedí más, y calcule que hace más de cinco años que no me compro nada nuevo. Lo poco que tengo es ropa usada, de la feria. Zapatos, me compro los más barato. 

Mis hermanos colman a mi mamá de regalos, pero a mi no me traen siquiera un ponche para emborracharme e irme a la cama antes. 

Me detestan. Aparentan bien lo contrario. Son de trato cordial y sonríen en forma sincera. Pero me apartan y me repudian. Tremenda novedad las que les escribo ¿verdad? 

Supongo que me detestan porque me echan la culpa a mi de su niñez y su educación. Claro... como hermana mayor y con estudios, me tocaba a mi ayudarles a estudiar. Yo tenía mis propios problemas estudiantiles y me tenía que hacer cargo de ellos también. Cuando salí al mundo laboral, fuí yo la que les pague sus estudios en colegios privados. Ellos optaron a mejor educación superior, y esos primeros años de sus estudios superiores fallidos los pagué yo, porque a mi papá no le alcanzaba. Nadie se enteró de esto, porque todos asumían que era mi obligación. 

Cuando caí con la primera crisis de depresión, no había nadie de ellos apoyándome. Unos viajando por placer, otro en casa de sus novia del momento y mis padres hablando con ellos por teléfono y diciendo que "se me iba a pasar la tonterita".

La "Tonterita" no se termina...  

Son farsantes. Lo son como todas las personas que a las que el mercado les tiene que dar una mínima excusas para "regalar amor" a quienes nos rodean. Es caca. Todos saben que todas las fechas comerciales es hipocresía, pero siempre buscan excusas para se cínicos, para aparentar.

Detesto estas fechas. Las detesto, porque año a año me arrastran a todo esto. Peleo y tengo arrebatos, para que me dejen en paz, pero es una cruz que me aplastan en el rostro y me arde como ácido en la piel. 

Llamenme poseída por satanás... me da igual... simplemente, este año estoy muy agotada y lo único que deseo es acostarme a dormir temprano y dejar toda esta mierda de lado...

Los odio...


viernes, 30 de octubre de 2020

Razones...

 

Me distancié por largo tiempo.

No estuve bien… y les voy a contar el por qué…

Tengo una familia de gatos. Todos rescatados. El año pasado unos vecinos nos los vinieron a tirar a la casa y yo no los pude regalar. Me quedé con todos ellos.

Fueron y son mi verdadera familia. Durante esta pandemia me han mantenido ocupada, preocupada y entusiasmada. Poco me han importado los problemas externos. Me han dado una energía maravillosa. Junto con mi gran interés por ellos, he tenido intereses por las plantas. He cultivado algunas cosas. Reconozco que comencé a hacerlo por ellos. Descubrí que el pasto es bueno para las bolas de pelo y decidí comprar semillas y cultivar. Junto con ello, compré almácigos de acelgas, tomates cherry, semillas de pimentones y ajíes y armé un pequeño huerto. Ha sido mágico.

Disfruté largamente de la felicidad.

Dejé de sentirme tan podrida y comencé a interesarme por otros seres y cosas.

Pero en Junio pasó algo. Uno de mis gatos, aún cachorro, salió a jugar a la calle. Trepó un árbol, le dije que se cuidara y le sonreí. Entre 20 segundos a mi casa y al salir… al salir… Dios… lo recuerdo y se me aprieta el corazón y me pongo a llorar… al salir mi gatito, mi lindo cachorrito, tan bello, regalón y amoroso, colgaba de las fauces de una perra Pitbull. Se lo llevaba como quién ha cazado el alimento del día. Yo comencé a gritar desesperada. Lo llevaba del cuello, y no sabía qué hacer. Entre a buscar las llaves. Le grité y le tiré piedras y logré que lo soltara. Cuando lo volvía ver, tenía la mitad de su hermosa carita completamente destrozada.

Corrí a tomarlo en mis brazos. Me araño y comencé a hablarle y se calmó. Pero tenía la mitad de su cabeza prácticamente molida.

Llegué llorando a la veterinaria. Pero yo lo sabía… mi gatito llegó muerto.

La perra Pitbull, le había perforado un pulmón, dislocado un bracito, quebrado la cervical y le molido de un solo tarascazo su cabecita. Mi Perita (así le había puesto)… mi lindo Cachorrito, mi Batman, mi monito de ojitos soñadores me lo habían matado.

Volví a casa con él muerto. Y yo destruida.

Vi todo y recordar ese momento me destroza el alma.

Aún hoy, varios meses han pasado y justo en este momento lloro amargamente al recordarlo y escribirles esto.

No podía dormir soñando con la perra matándome a mis otros gatos. Lloré día tras día, hora tras hora. Era de nunca acabar. No podía detener este dolor tan gigantesco y no lograba levantarme. Recurrí a una vieja amiga psicóloga y me dijo que tenía Stress post traumático y que estaba sumida en la ansiedad y la depresión.  Me dio pastillas para lograr descansar y ver todo desde otra perspectiva.

“No fue tu culpa” Todo el mundo me dice lo mismo y no dejo de sentirla. Sé que fue mi culpa por no haberlo cuidado. Son MI responsabilidad, son MIOS, Yo los dejé en casa, yo los deseaba desde hace años y son mi gran regalo de vida. Perita era mi regalón, porque yo era la regalona de él. Pasaba largas jornadas echado al lado mío. Cuando llegaba salía a mi encuentro, nos amábamos. Como no sentir culpa si él era mi responsabilidad. Siempre le dije que no se fuera que debía llegar a viejo conmigo, morir en mi cama y yo lo enterraría con amor y una inmensa gratitud de haberme elegido como su humana y haberme hecho tan inmensamente feliz.

Mi error, mi irresponsabilidad le quitaron su vida.

Cuatro meses y cientos de meses pasaran y jamás me lo perdonaré. No importa lo que me diga la gente, yo perdí a un pequeño ser que amaba muchísimo.

Recién desde hace un par de semanas pude volver mi mirada a ese pasado doloroso y decidir contarles el porqué de mi larga ausencia.

No podía articular una sola frase sin sentirme vacía y rellena de un dolor que me crujía en el pecho.

Quizás para mucha gente llorar así por un animal es ridículo. Y no, no los voy a entender.

Siempre me pregunto cómo es que esos pequeños seres peludos son capaces de hacernos sentir un amor tan inmenso. Un amor que casi no cabe en el ser.

Les voy a pedir algo a continuación… sé que muchos empatizaran con mi dolor y algunos comenzaran a atacar a la perra Pitbull que mató a Perita. Pero no… eso no es tan así.

Reconozco que con el pasar de los meses odié a esa perra y verla para mi es motivo de ansiedad y angustia. Pero no es su culpa. Está en su naturaleza. Así como yo asumo la responsabilidad de todos mis animales, la Perra tiene amos. Amos que no la cuidan y la protegen. Amos que la sueltan en la mañana para que haga sus necesidades en los jardines de los vecinos, que no la alimentan, que no le dan agua y que cuando está en celo la convierten en un animal constantemente abusado. Animal cuyos amos, le venden luego esos cachorros y la utilizan como esclava.

Si debemos odiar, hay que hacerlo a los seres correctos: a sus amos.

Les pido perdón por lo largo e inútil de este texto. Pero este blog lo tengo para esto, para desahogarme y contarles cosas de mí, de mi ser más profundo. Contarles a ustedes quién soy realmente y qué dolores me aquejan en esta vida.

Como muchos de ustedes… también necesito sentirme aceptada y querida…

Perdón por la larga ausencia… 

 

Soy Depresiva.

jueves, 23 de abril de 2020

Dejar de luchar y continuar.


Hace poco volví a escribir en forma compulsiva.
He retomado decenas de proyectos literarios abandonados por mi disminución del ánimo. Por la falta de hambre espiritual. 
Alguien de mi pasado me dio la idea de volver a escribir alguna estupidez en su blog “contestario”. El blog continúa, pero es bastante menos contestario y más acorde con los tiempos sociales modernos. Anti-hombres, anti-carnivoros, anti-contaminación, anti-social... ahí es donde entraba yo: escribía caca antisocial que sonaba divertida. 
Sí, casi gran parte de mi vida “pública” como escritora he sido escritora de comedia. Humor negro, muy amargo. Me resultó. Vivi de eso. Me llamaron para escribir en otros lados. Siempre detrás de una máscara. Yo existía, pero no existía. Mi anónimato es mi mejor defensa contra todos. Contra todo. 
Luego lo dejé. Me abandoné.
Me quedré y dejé de luchar contra esa melancolía con la que llevaba años peleando. 
No pude más con mi depresión y simplemente mi hundí. Más o menos por esos días aparecieron mis primeros escritos. Según yo, son mucho mejores que mis textos de humor negro. Me siento más parte de todos. Más parte de los repudiados. Más parte de una lacra humana. Me siento mejor cuando mi mente logra acallar el vacío y encuentra un algo a qué aferrarse. 
No es mucho... es solo un algo que se abre paso en mi pecho y deja que entre un poco más de aire del habitual. 
Cuento los momentos. Cuento las palabras. Cuento los días, las horas, la existencia, las personas huecas que pasan frente a mi ventana. 
Pienso, reflexiono y siento que mis decires, estas garrapatas que manchan la pantalla virtual pueden ayudar a alguien. 
No soy la única. Somos varios los que luchamos sin entender qué hacer para dejar de estar deshechos por dentro. En ocasiones creo que esto podría brindar algo alguien. No soy una salvadora de nadie. Pero es difícil... en ocasiones es imposible esta tristeza tan inmensa que desespera y angustia. 
Poca gente lo entendería. En general, en esta época de tantas redes sociales y fotos de triunfos y risas maqueteadas, es embarazoso decirle al mundo electrónico que no, que no puedes ser feliz. Que lloras más de lo acostumbrado, que no sabes como demostrarte radiante en una fotografía, que no deseas viajar a lugares paradisíacos y enrostrarle, a las personas que te siguen, en sus putas caras de fracasados que yo soy genial, cool, mag-ni-fi-ca... 
No... yo no puedo hacer eso. Porque vivir cuesta. Despertar es difícil. Abrir los ojos y sentir la mente taponeada de oscuridad es un castigo. Los ojos secos de tanto llorar. Las venas llenas de químicos para afrontar tu propia historia. 
No... nadie con depresión puede amoldarse a este nuevo mundo lleno banalidades. Lo trivial, lo frívolo, lo vulgar es aún más un camino de desagrado y odio. Odio a uno mismo, a su entorno, al oxígeno. Una tirria repugnante que asquea y que te hace sentir aún más antipatía por todos, por todo.
Me gustaría ser más constante con este blog. Pero no puedo prometerles nada. A veces, estoy de ánimo y llena de palabras e ideas, otras veces (las muchas) simplemente me quiero morir un largo, largo, largo rato... 


Nota. Me he abierto una cuenta de instagram. @Soy___depresiva (con tres guiones bajos) intentaré subir frases personales un par de días en la semana. Aún no manejo bien esta herramienta moderna, así que les pido paciencia y cooperación.

Soy Depresiva...
Instagram: @Soy___depresiva (con tres guines bajos)


Nota: deja tus opiniones si así lo deseas.


viernes, 21 de febrero de 2020

El vacío lleno

Yo sé que les sucede.
A todos nos ha pasado una, dos, tres, mil, millones de veces.
Es ese sentir vacío en un lleno total.
Un lleno de cemento, maderas, cosas, personas, palabras, emociones, sentimientos, etc.
Una inundación de todo eso sobre nuestras cabezas. El cuerpo se aplasta entre tanta y tanta cosa. Todos disfrutan de ese llenado. Les gusta.
Yo me detengo. Me detengo solo para intentar parar esa montaña rusa. No sé si la quiero vivir. El hecho, es que estoy siempre en un punto en que no tengo tiempo para pensar en lo que me está sucediendo. Es mucho, es demasiado. Me ahoga. El aire no llega en suficientes caladas. Cada pestañeo es una nueva oportunidad para aproximarme a ese abismo. Ese abismo que añoro pero del que siempre parezco alejarme.
Caería con gusto. Pero todo es tan rápido que no me da tiempo de pensar o de tomar un rumbo distinto. 
Estoy harta... 
Harta de moverme, harta de luchar, harta de respirar en medio de un ahogo inmenso. Estoy harta de ser una sobreviviente. Harta de intentar ser querida, amada, respetada. Como mujer, como amiga, como compañera, como amante, como hija, como un ser. Luchar, luchar y luchar por demostrar que merezco vivir tanto como cualquier otro. Validándome. Para todos tengo que valer algo. 
Lo cierto que esto jamás termina. Por que nadie es suficiente para nadie. Todos luchando por demostrar que son seres importante e imprescindibles para otros. Pero lo cierto es que a nadie le importas. Como tu hay más. Para un padre hay más hijos, para un hijo es normal la ausencia de los padres, no qué decir lo que puedes significar para una pareja. Eres nada. La gratificación de un período y nada más. Eres prescindible. Esa una nada, entre todo ese ruido infernal.
Nada. Nadie. Y nadie parece entenderlo...
Es ese abismo lo único seguro, el único camino y todos le temen...
La nada es nuestro destino y no hay más nada...


Soy Depresiva.
Instagram: @Soy___depresiva    (con tres guiones bajos)