Hace poco volví a escribir en forma compulsiva.
He retomado decenas de proyectos literarios abandonados por mi disminución del ánimo. Por la falta de hambre espiritual.
Alguien de mi pasado me dio la idea de volver a escribir alguna estupidez en su blog “contestario”. El blog continúa, pero es bastante menos contestario y más acorde con los tiempos sociales modernos. Anti-hombres, anti-carnivoros, anti-contaminación, anti-social... ahí es donde entraba yo: escribía caca antisocial que sonaba divertida.
Sí, casi gran parte de mi vida “pública” como escritora he sido escritora de comedia. Humor negro, muy amargo. Me resultó. Vivi de eso. Me llamaron para escribir en otros lados. Siempre detrás de una máscara. Yo existía, pero no existía. Mi anónimato es mi mejor defensa contra todos. Contra todo.
Luego lo dejé. Me abandoné.
Me quedré y dejé de luchar contra esa melancolía con la que llevaba años peleando.
No pude más con mi depresión y simplemente mi hundí. Más o menos por esos días aparecieron mis primeros escritos. Según yo, son mucho mejores que mis textos de humor negro. Me siento más parte de todos. Más parte de los repudiados. Más parte de una lacra humana. Me siento mejor cuando mi mente logra acallar el vacío y encuentra un algo a qué aferrarse.
No es mucho... es solo un algo que se abre paso en mi pecho y deja que entre un poco más de aire del habitual.
Cuento los momentos. Cuento las palabras. Cuento los días, las horas, la existencia, las personas huecas que pasan frente a mi ventana.
Pienso, reflexiono y siento que mis decires, estas garrapatas que manchan la pantalla virtual pueden ayudar a alguien.
No soy la única. Somos varios los que luchamos sin entender qué hacer para dejar de estar deshechos por dentro. En ocasiones creo que esto podría brindar algo alguien. No soy una salvadora de nadie. Pero es difícil... en ocasiones es imposible esta tristeza tan inmensa que desespera y angustia.
Poca gente lo entendería. En general, en esta época de tantas redes sociales y fotos de triunfos y risas maqueteadas, es embarazoso decirle al mundo electrónico que no, que no puedes ser feliz. Que lloras más de lo acostumbrado, que no sabes como demostrarte radiante en una fotografía, que no deseas viajar a lugares paradisíacos y enrostrarle, a las personas que te siguen, en sus putas caras de fracasados que yo soy genial, cool, mag-ni-fi-ca...
No... yo no puedo hacer eso. Porque vivir cuesta. Despertar es difícil. Abrir los ojos y sentir la mente taponeada de oscuridad es un castigo. Los ojos secos de tanto llorar. Las venas llenas de químicos para afrontar tu propia historia.
No... nadie con depresión puede amoldarse a este nuevo mundo lleno banalidades. Lo trivial, lo frívolo, lo vulgar es aún más un camino de desagrado y odio. Odio a uno mismo, a su entorno, al oxígeno. Una tirria repugnante que asquea y que te hace sentir aún más antipatía por todos, por todo.
Me gustaría ser más constante con este blog. Pero no puedo prometerles nada. A veces, estoy de ánimo y llena de palabras e ideas, otras veces (las muchas) simplemente me quiero morir un largo, largo, largo rato...
Nota. Me he abierto una cuenta de instagram. @Soy___depresiva (con tres guiones bajos) intentaré subir frases personales un par de días en la semana. Aún no manejo bien esta herramienta moderna, así que les pido paciencia y cooperación.
Soy Depresiva...
Instagram: @Soy___depresiva (con tres guines bajos)
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