martes, 29 de agosto de 2017

Ya no estoy

Los siento. Ya no estoy pendiente de nada. 
Leo sus comentarios. 
Leo sus correos. 
Leo todo lo que llega y se va de este site.
Pero nada me importa.
Eliminaré mi correo a corto plazo, porque no estoy interesada en nada, en nadie. 
Nada en contra de ustedes. Han sido fieles, y no sé porqué.
Es por mí... ¿a quién engaño con esto? el site no lo cree por ustedes, sino por mi. Para desahogarme, tener algo donde tirar mierda, expresarme sin la putada de prejuicios. Ser yo. Más yo que en la vida real. Excrementar por estas vías a los que odio, a los que les guardo rencor, a los que desearía muertos, no sé... a todos, a todo. 
Quitaré mi correo porque no estoy bien. No les daré nada positivo a los que me escriban. No me contacten. No me envíen solicitudes de nada. No quiero estar. Pero deseo ser parte de algo... pero tampoco lo deseo de corazón.
Alguien comprende esto?
Alguien sabe realmente de lo que hablo?
Entienden?
Si así es... ya saben por lo que estoy viviendo. 
Estaré por acá... escribiendo, aunque no lo tengo del todo claro. 
El blog, por extraño que parezca, crece, se hace mayor, grande, me escriben, escriben comentarios, se desahogan... no sé porqué lo hacen. Intento entenderlos, aceptarlos, pero honestamente... no sé por qué lo hace.

Soy Depresiva. 

viernes, 17 de febrero de 2017

Estoy enamorada

Quizás para muchos el título de este post es una banalidad, una estupidez, una necedad. Quizás muchos creen que me caí y me golpeé en la cabeza, partiendome el cráneo. No. La verdad es que no. 
Hace más de un año que me siento así. Partió como un gusto. No estaba en posición de abrirme emocionalmente ante nada, ni nadie. Solo apareció. Así tal cual. Él apareció ante mis ojos y no pude dejar de sentir algo por él. No quería. Pero tenía todo y más de lo que físicamente me gusta en un hombre... como jamás me había sucedido antes. 
Pasó el tiempo y un día en la hora de colación, lo noté observandome. Me sentí extraña. Miré de lado a lado y trás de mi, y descubrí que no había nadie más en la línea de su mirada. Cuando notó que lo había descubierto, hizo lo que pocos hombres hacen conmigo: bajó sus ojos y se ocultó bajo su gorra. Me sentí rara... ¿estaría entendiendo bien las cosas?
Pasaron los días, las semanas, y algunos meses y siempre fue lo mismo. Me observaba a hurtadillas y siempre se ocultaba bajo su gorra. 
Un día me sucedió algo grave. Me asaltaron antes de entrar a trabajar. Por ahí y por allá, ofreció su auto para llevarnos a una compañera y a mi, ya que pasaba muy cerca de nuestras casas. Así supe por primera vez, después de largos meses, su nombre. 
Poco hemos hablado. A mi me duele el amor. Me es imposible vivirlo como lo hacen otras mujeres. Soy apasionada y tengo una absurda fidelidad emocional que nadie más parece tener. 
Jamás de lo poco hablado, ha aparecido el tema de estar solos o acompañados. Pero él sabe que yo sé que está emparejado. Por períodos se ha alejado. Pero de la nada, ha vuelto a ser ese hombre medio tímido que me logra encantar. 
Me duele el amor. Lo detesto. Me odio sentir esto por él. Sé lo mal que lo pasaré. Cuanto me obsesionaré, aunque intente mantener a raya esas emociones. 
No sé qué hacer... no hay posibilidades entre nosotros. Lo sé. Él lo sabe. Lo sabemos ambos. 
Yo muy tímida. Él con pareja. Sintiendo esto que nuestras miradas no logran ocultar. 
No existe forma que lo nuestro se concrete. 
Yo tengo 40 y él 25... y no logramos olvidarnos el uno del otro, en la soledad y el deseo de poder dar ese paso... 
No sé que haré... 
Morir... destruirme, mientras lo amo y lo deseo con locura, mientras me digo... olvídalo... 
15 años... 


Soy Depresiva
(Y estoy muy, muy triste... )

jueves, 19 de enero de 2017

La chica del tren



La chica del tren
Paula Hawkins


Leer. Uno de esos felices placeres que tenemos algunos imbéciles.
Acabo de engullirme el libro con que titulo esta entrada. Algunos creerán que ahora me las estoy dando de crítica literaria o de esos bloggers que recomiendan lecturas. No. Aunque... no es tan mala idea. Simplemente, amé el libro desde el primer párrafo. Amé a su protagonista. Lloré. Lloré con su desgracia, con su fragilidad, con sus dudas, con su culpa, con su obesidad, con su imperfección... adoré/odié esa debilidad de carácter, su sometimiento, ese amor enfermizo. Era yo, en algún momento de mi existencia. Rachel Watson, era muchas mujeres que oprimen esa blandura y se las dan de malas, de rudas, de dominantes... de farsantes.
No les haré una reseña. Léanlo, si así lo desean. Léanlo, y disfruten ver imágenes de sus propios dolores y reticencias en letras de otro. Yo, les contaré lo que sentí con este libro.
Hubieron párrafos que los tuve que leer dos, tres, cuatro veces. Con dolor, con desequilibrio, con angustia. Rachel es la chica de nuestro tren. Yo era ella. Yo hago lo que ella hace. Yo amo los trenes. Adoro leer en el metro, lo más parecido que tenemos en mi país (y muchos) para trasladarnos en la ciudad. Con calor, sudor, olores nauseabundos. No me importa. No se imaginan cuántos escritos han nacido en las estaciones del metro/tren. Cuantos textos fecundaron en medio de mis desesperaciones, entre lágrimas, con aflicción en un vagón del metro o tirada sobre una baldosa de una perdida estación de metro.
Sentada o de pie, observo a la gente y me invento vidas. Sus vidas. Les invento una historia, los observo, añado tildes y comas, espacios y recovecos a sus biografías reales. Me gusta pensar que ese feo lunar en la nariz, pudo volver loco a su actual esposo y enamorarlo. Me agrada imaginar que esa belleza esconde una tristeza enorme o que esa fealdad oculta una bondad infinita. Que alguien que despierta mi afabilidad, puede ser un asesino.
Rachel Watson, ve algo. Una imagen que se pierde en esa desesperante depresión que la devora por dentro, por fuera, a su alrededor. La consume en la desesperanza. Y se refugia en el alcohol, ese néctar al que todos recurrimos en la soledad. Esa bebida que mata al frustración y nos pierde un rato de nuestras patéticas existencias. No somos. No sabemos qué somos. Estamos sumergidos en la nada. Libres de nosotros mismos y lo asqueroso que nos sentimos. Sucios y malditos. Llorones, sufridos, sombríos, detestables. Rachel fue mi espejo por largos párrafos. Amó y no fue capaz de odiar, solo temer lo que escondía su propio vacío interior. 
Rachel sintió en su piel lo que el amor dañino causa, ese amor que nace de nuestro interior más sano, ese amor que nos llena flaquezas y nos hace sucumbir, perdernos, abandonarnos. 
Las mujeres que viven en "La chica del tren", fueron vistas por Paula Hawkins. Quizás ella misma fue alguna de ellas. Quizás tuvo amigas, conocidas, cercanas con esas similitudes. Quizás envidió a muchas, deseo lo de otras. Quizás... quizás Paula Hawkins... me vio cayendo perdida en mi borrachera por unas escaleras del metro... o quizás, solo me vio mientras lloraba por ese hombre que me humilló, me mutiló por dentro y al cual aún seguía amando en mi alienación... ese hombre que me dejó sola, que me abandonó... 
¿Lo leíste? 
¿Lo leerás? 
¿Les gustaría que les contara lo que otros libros me han causado?
Comenta, si se te da la gana!

Soy Depresiva