Ser diferente no es un misterio. Todos
lo somos. Unos más, otros menos. Pero la diferencia en la forma de
ser de cada uno es un delito cuando se es niño. En el colegio los
profesores te machacan con la aceptación y la tolerancia, pero a
decir verdad son los primeros en actuar con hipocresía cuando se trata de
aceptar al diferente, al raro, al que no se ajusta al sistema.
Incluso los padres terminan creyendo
que habitan con un engendro en su hogar y tratar de problema al raro de la casa.
Quizás hoy en día no pase tanto. Quizás el “raro” de hoy no es
más que una pataleta, alguien que desea más o menos de lo que
tiene o se queja de lleno.
Lo cierto es que no ajustarse al mundo
a uno le trae ese sentimiento de rechazo constante. Uno se pregunta
porqué no encaja, porqué lo tratan de tal o cual forma, porqué le
dicen lo que le dicen. A veces, como me pasaba a mi, uno se merece lo
que le dicen. Jamás fui de las que se quedaban en silencio o de las
que arrastraban por el suelo o de las que encerraban en los casilleros. El rechazo del
resto siempre vino en masa y a palabras . “¡Fea!”, “¡chica
fea!”, “¡das asco!” y hacían arcadas. A mi me gritaban cosas
a la distancia, porque yo podía con ellos.
Lamentablemente, he llegado a sospechar
que uno exuda ese rechazo por parte de otros. De adulta, uno cree que
las cosas cambiaran. Los inmaduros maduraran, entenderán que lo que
dicen duele, que existe la empatía, que hay que pensar en los
sentimientos de quien se ataca, etc., etc. Lo cierto es que nadie
cambia. Lo que se hace es evolucionar. La esencia del bravucón y del
objeto de sus molestias o rechazos solo evolucionan y se adaptan al
cinismo social. Pero evolución y cambio, no es lo mismo en la vida real.
Si de niño te decían “No me gusta
por que eres fea”, de adulto te dicen “Eres demasiado para mi”.
En si... es la misma huevada, solo que con más eufemismo y con
lecturas entre líneas. Si te dicen “Yo te quiero”, hay que saber
dilucidar para qué se te quiere. Como un gran amor, como la madre de
sus hijos o... lo más normal, para acostarse contigo. Aún así, la
evolución no es tal y solo nace la retórica inútil del bla, bla,
sin fondo.
Si... es verdad somos diferentes, pero
para qué estamos con cosas: suena lindo, pero no es lo que hace la
gente. Cuando llega la hora de los quiubos, nadie opta por ese ser
diferente, todos optan por lo normal, por lo que se ajusta a los
canones ideales, se adopta lo idéntico, por lo que todos dicen que
es lindo, por las mentes parecidas, por las demostraciones de molde,
por las profesiones comunes, por un estatus de vida acorde con las
plantillas sociales.
Ser diferente no es lo normal, ser
diferente es lo que está fuera, por lo ajeno, por lo raro, extraño,
excéntrico.
Quizás muchos descubran, con algo de
reflexión, que el gran gatillante de sus penurias radican en sus
rarezas. Asumen que son diferentes, pero aún en su subconsciente
cree que son iguales y esa guerra los hace sentir que no se ajustan
siquiera a ustedes mismos.
Mi consejo es: aceptar. A ustedes y al
resto. Lo luchen. No se quejen. Simplemente vivan como lo que son:
personas que merecen este mundo tanto como cualquier otro. Vivan y
dejen vivir.
Soy Depresiva.
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desean.
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