viernes, 27 de noviembre de 2015

Tolerancia... aceptación...


Ser diferente no es un misterio. Todos lo somos. Unos más, otros menos. Pero la diferencia en la forma de ser de cada uno es un delito cuando se es niño. En el colegio los profesores te machacan con la aceptación y la tolerancia, pero a decir verdad son los primeros en actuar con hipocresía cuando se trata de aceptar al diferente, al raro, al que no se ajusta al sistema.
Incluso los padres terminan creyendo que habitan con un engendro en su hogar y tratar de problema al raro de la casa. Quizás hoy en día no pase tanto. Quizás el “raro” de hoy no es más que una pataleta, alguien que desea más o menos de lo que tiene o se queja de lleno. 
Lo cierto es que no ajustarse al mundo a uno le trae ese sentimiento de rechazo constante. Uno se pregunta porqué no encaja, porqué lo tratan de tal o cual forma, porqué le dicen lo que le dicen. A veces, como me pasaba a mi, uno se merece lo que le dicen. Jamás fui de las que se quedaban en silencio o de las que arrastraban por el suelo o de las que encerraban en los casilleros. El rechazo del resto siempre vino en masa y a palabras . “¡Fea!”, “¡chica fea!”, “¡das asco!” y hacían arcadas. A mi me gritaban cosas a la distancia, porque yo podía con ellos.
Lamentablemente, he llegado a sospechar que uno exuda ese rechazo por parte de otros. De adulta, uno cree que las cosas cambiaran. Los inmaduros maduraran, entenderán que lo que dicen duele, que existe la empatía, que hay que pensar en los sentimientos de quien se ataca, etc., etc. Lo cierto es que nadie cambia. Lo que se hace es evolucionar. La esencia del bravucón y del objeto de sus molestias o rechazos solo evolucionan y se adaptan al cinismo social. Pero evolución y cambio, no es lo mismo en la vida real.
Si de niño te decían “No me gusta por que eres fea”, de adulto te dicen “Eres demasiado para mi”. En si... es la misma huevada, solo que con más eufemismo y con lecturas entre líneas. Si te dicen “Yo te quiero”, hay que saber dilucidar para qué se te quiere. Como un gran amor, como la madre de sus hijos o... lo más normal, para acostarse contigo. Aún así, la evolución no es tal y solo nace la retórica inútil del bla, bla, sin fondo.
Si... es verdad somos diferentes, pero para qué estamos con cosas: suena lindo, pero no es lo que hace la gente. Cuando llega la hora de los quiubos, nadie opta por ese ser diferente, todos optan por lo normal, por lo que se ajusta a los canones ideales, se adopta lo idéntico, por lo que todos dicen que es lindo, por las mentes parecidas, por las demostraciones de molde, por las profesiones comunes, por un estatus de vida acorde con las plantillas sociales.
Ser diferente no es lo normal, ser diferente es lo que está fuera, por lo ajeno, por lo raro, extraño, excéntrico.
Quizás muchos descubran, con algo de reflexión, que el gran gatillante de sus penurias radican en sus rarezas. Asumen que son diferentes, pero aún en su subconsciente cree que son iguales y esa guerra los hace sentir que no se ajustan siquiera a ustedes mismos.
Mi consejo es: aceptar. A ustedes y al resto. Lo luchen. No se quejen. Simplemente vivan como lo que son: personas que merecen este mundo tanto como cualquier otro. Vivan y dejen vivir.

Soy Depresiva.

Dejen sus comentarios si así lo desean.
Compartan si así se les da la gana.
Escríbanme, si quieren... prometo leerlos...

lunes, 2 de noviembre de 2015

Llanto del no yo

Lágrimas. Llorar. ¿Lloran ustedes? ¿cada cuánto lo hacen? a mi me cuesta. Debe ser porque mi rencor es mayor a mi dolor. 
Antes lloraba mucho. Por no ser comprendida, por no ser aceptada, por no lograr darme a entender. Lloraba con el repudio ajeno, por tener tantas carencias, por desear ser otra persona. Me odiaba. Lloraba al saber que con todo ese odio que sentía por mi misma, no podía cambiarme. El cambio era sacarme de este mundo, pero no quería morir. O sea... luego, después de todo, llegué a llorar por saber que tendría que convivir conmigo misma por el resto de vida que me quedara. Amargura fue mi segunda piel. 
Pasado el tiempo, entendí que no era tan malo ser yo. Tanto llorar me llevó a un auto conocimiento con el que pocas cuentan. Sé quién soy y esto es mucho decir en una sociedad donde todas quieren ser otra persona y logran físicamente ser alguien más. No cuento con los medios económicos para ser alguien más, pero si los tuviera ¿lo sería? no, porque lo importante de mi está dentro. Pero no esa cosa media empalagosa de "eres mujer, eres bella", "ámate a ti misma", "¡Amiga! eres genial" no, no... mi valor está dentro de mi cabeza. 
Escribo esto después de haber leído lo suficiente y mucho más respecto a miles de cosas que a esas mujercitas de goma no les interesa. No me mal interpreten, no todas las operadas son unas completas imbéciles. Algunas son bastante inteligentes, por ejemplo esas que muestran el culo en tv. Esas son vivas, se hacen las huecas, pero entienden que ser puta de tv tiene su valor agregado y que por lo tanto los babosos deben pagar. Putas de vista. 
El llanto es una manifestación de dolor interno. De adolescente lloré mucho. Me lamenté de mi propia suerte. Solloce por ser quien era... Dejé de llorar cuando descubrí que ser yo era más fácil, más simple, más duradero, casi imperecedero... Hoy siento que claramente no quisiera ser otra persona... 

Soy Depresiva
Dejen sus comentarios o escríbanme al correo, si así lo desean.