sábado, 31 de enero de 2015

Amor

Siempre he sido una mujer bastante enamoradiza. O sea... lo fui. Me terminé cansando. De niña, eso si, fui rechazada. Por fea. En serio que varios me dijeron que era bastante fea. Otros se callaban para no hacerme sentir mal, supongo, pero en ese silencio yo conservaba esperanzas. Hasta que, claro, mi “amiga” del momento salía con ese que creía tenía alguna oportunidad.
Sobre los veinte años, entendí lo que sucedía. No era fea. Era guapa. Tenía carácter y eso les gustaba. Pero por el rato. Cuando caía, me desechaban. Y yo no lo entendía.
Sobre los treinta años, volví a entender lo que pasaba. Era mejor estar sola. Con algunas muchas experiencias fallidas comprendí que el camino del amor, definitivamente no era lo mío.
Sobre los 35 años, supe que jamás estaría acompañada y que era mejor sacar de mi cabeza la idea de casarme, tener hijos, tener familia, mi familia... echar raíces y morir plena y rodeada de personas que me amarán...
Aprendí que la soledad sería mi gran compañía, y que debía acostumbrarme a ella.
Hay noches en que despierto llorando. Me voy a quedar sola. Sola, sola, sola. ¿Lo entienden? Una cosa es disfrutar la soledad, pero otra es saberse morir sola. La imagen de mi cuerpo muerto, siendo carcomido por días y días en mi habitación y que al cabo de dos semanas vecinos llamen a la policía porque sale olor pútrido, me persigue por las noches. Saber que nadie pondrá siquiera una flor en mi tumba. Que nadie me llorará. Que a nadie le importará mi partida. Saberse que pasarás por este mundo y que a nadie le importo. Me ahoga..
Me gustaría haber encontrado a alguien que me quisiera. Que aceptara mis diferencias. Que no me obligara a ir a una fiesta, que respetara mis silencios, que comprendiera mi forma de ver la existencia, que compartiera mis emociones. Sé que ese hombre no existe. Lo sé... porque les temo.
Cuando alguien del sexo opuesto se me acerca, me dan ataques de ansiedad. Sé que no me quiere a mí. Sé que no busca nada serio. Sé que si me dejo llevar, me herirá. Sé que lo que le agrada de mí es algo físico que le llama la atención y mi carácter que lo confunde con pachorra, y que no es más que una forma de ocultar mis terrores.
Disfrutar del silencio solo lo logras a través de la soledad. Encontrar a ese alguien que respete ese momento, es encontrar una gema de incalculable valor.
Hace dos noches, desperté angustiada. Me senté en la cama y volví a entender que jamás tendré hijos... lloré al saber que estaré eternamente sola... pero sola, sola... entonces, volví a caer en depresión profunda y los días soleados se me transformaron en una sola luz de amargura y pena...  

Soy Depresiva
soydepresiva@gmail.com

Deja tus comentarios si así se te da la gana. Comparte el blog, si crees que a alguien más le pueda gustar y que no lo insultará.

Notas varias: Gracias por sus comentarios y sus correos. Trato de subir entradas basándome en alguna de las cosas que me cuentan. De tal manera que se den cuenta que no solo lo sienten ustedes, sino varios más. Esta entrada en particular fue por un comentario que dejó "Lucía Xavier". A la comentarista "Evita" la visitaré durante la semana. "Felix Barenys" y "Pierrot16" gracias por comentar. 

lunes, 19 de enero de 2015

El Silencio

Hoy he tenido una gran pelea con mi madre. Lo que la comenzó no lo recuerdo. Solo sé que mitad de la discusión, solo deseaba silencio. Que se callara, que todo se alejara de mi y que el abismo dejara a mi mente descansar un rato. 
El barullo es agotador. Personalmente disfruto mucho del silencio. Aunque el mismo este relacionado con la soledad. Estar solo y en silencio, es paz. Es verdad que cuando ambos ocupan la mayor parte de tu día, te sientes en abandono hasta de ti mismo. 
Pero el bla-bla, la gente siempre hablando, siempre moviendo la boca, siempre emitiendo sonidos, diciendo cosas con poca o nada de sustancia, palabra tras palabra con entonaciones desagradables o risas estridentes, es un infierno. 
En ocasiones siento que mi depresión no es por la soledad, sino por el exceso de gente a mi alrededor. Siempre hablando. Yo puedo pasar largas horas en mi pieza, sin nada más de sonido que el ambiente. Me relaja, aunque cada cierto tiempo me haga pensar que estaría mejor fuera de este mundo. 
A veces me pregunto ¿de verdad esa persona está interesada en contarme todo esto? ¿en serio que no se cansa de mover la mandíbula, azotar la lengua en boca y decir todas esas cosas? ¿quieren realmente decir lo que dicen? cuando no hablan en voz alta ¿su cerebro explota? 
Mi mente siempre se está moviendo, pensando cosas raras, feas, tristes, amargas, pero no siento esa compulsión de vomitar fuera todo lo que se me pasa por la cabeza. No con el habla, al menos. 
En ocasiones... solo deseo algo de calma... tranquilidad... paz...
Pelear con las personas me causa justo lo contrario a mis deseos. Cuando mi madre le da por darme sermones, de hablar, hablar, hablar. Decir cosas, a mi se me forma una masa de ruido en mi cabeza y lo único que quiero es que se calle. Que todo el mundo se calle y que el universo se transforme en nada. 
Jamás logro eso... siempre tengo gente hablando a mi alrededor. Jamás puedo tener algo de tranquilidad en mi cabeza.... nunca... 


Soy Depresiva
soydepresiva@gmail.com

Nota: quiero que sepan que siempre leo sus comentarios o sus correos. No mantengo correspondencia, porque ya saben, soy de esas depresivas apáticas. Pero los y las leo, me gusta recibir su correspondencia. Siento que somos más, me siento menos sola, pero tampoco invadida. Esta entrada fue pensada justamente por un correo que recibí. Si me estás leyendo, quiero que sepas que no estás en soledad de sentimientos, somos varios lo que sentimos como tu. Seguimos adelante, y espero nos acompañes. 

domingo, 11 de enero de 2015

Verano

Odio el verano. Comienza el mes de octubre de cada año y yo sufro los primeros aleteos de los ataques de ansiedad.
Odio subir al metro y oler el sudor ajeno, sentir la respiración jadeante de la gente con algo de sobrepeso y lo peor de todo: odio que me toquen, todo ellos ardiendo, goteando, transpirando por cada poro de su ser. 
Sean hombres o mujeres, me causan igual repulsión.  
Inicia la primavera, los primeros brotes de los árboles, los días de sol a primera hora de la mañana y yo comienzo con las primeras depresiones. 
Mi estación del año predilecta es Otoño. Algo de lluvia, algo de sol, un frío tolerable, días nublados, sol oculto tras las nubes, más ropa encima protegiéndome, los árboles comienzan a desnudarse. 
Invierno, no mucho. Por esta época me dan ganas de tomar las pastillas de mi madre. Los meses de junio y julio me son fatales. Lloro mucho, sufro sin saber la razón del sufrimiento. Me confundo, pierdo mi norte y no veo razones para nada, ni para respirar, mi para dejar de hacerlo. 
La primavera me asusta. Todos comienzan a sacarse la ropa, a mostrar sus cuerpos pálidos y, hombres y mujeres, andan más excitados de la cuenta y metiendo las patas más de la cuenta. Todos quieren salir a divertirse, a beber, ir a pub y conocer a gente. 
Pero al verano lo odio. Pasamos la navidad con más de 30° de calor. La gente compra regalos como energumenas, corren y sudan como idiotas. Luego viene la locura por salir a veranear. La compra de trajes de baño, camping, colchones de aire, carpas, maletas, la ida a las piscinas, el tostado perfecto, las rubias teñidas con piel de pollo recocido. Las rubias/negras, las blancas/rojizas, las morenas/negras. Después, de vuelta en marzo, andan todos depellejandose, botando piel asquerosa como serpientes. 
Me deprime el exceso de sol. Soy de esas personas que sufre mucho con la demasiada luz. No me dan ganas de salir, peleo mucho con toda la gente y me siento ahogada y confundida. No entiendo la locura del veraneo, de las piscinas y sobre todo me fastidia el sol. El calor. Me ahogo, siento que me dará un ataque al corazón. 
Por mi disfrutaría 365 días de mi estación del año favorita: Otoño. En otoño puedes salir a caminar sin asarte o ahogarte en un río de lluvia. Disfrutas de la caída de las hojas de los árboles. Hace frío, pero es un aire helado rico, suavecito, no es un viento seco de verano o torrencial de invierto. 
Lo único bueno del verano es la fruta... podrías haber la misma cantidad de fruta en Otoño...

Soy Depresiva.
soydepresiva@gmail.com

Nota: escribe lo que opinas respecto al tema, si se te da la gana. Responderé si también ando de ganas...




sábado, 3 de enero de 2015

Arpías.

En silencio las escucho Ellas creen que porque tengo los audífonos encajados en los oídos no las escucho como me apodan y las cosas que planean hacerme porque no les caigo bien.

Tremenda novedad. Yo no le caigo bien a nadie. No me dan ni tantas ganas de caerles bien a un montón de viejas arpías que huelen a caca. Son regias ¿eh? Jóvenes, flacas, altas y todas con algún pinche cerca para hacerlas sentir minas. Claro, eso es lo que son todas “minas” y yo solo soy yo. Jamás lo he sido. No me sobran tipos, pero no me han faltado. Lo que carezco de belleza lo tengo en inteligencia. Lo que me sobra en gordura lo tengo en equilibro en opiniones.

Pero no encajo. Si no es por una cosa es por otra. Si no es porque hablo, es porque no lo hago. Si no es porque no soy bonita, es porque tengo lunares. La cosa es que siempre a todo mundo le caigo pésimo. Soy tímida. Quizás la mayoría de las opiniones que doy es justamente porque creo que debo expresarme y aprendí de la forma más clara y algo brusca para oídos acostumbrados a mentir-se.

Mis compañeras de trabajo hablan pestes del jefe, que es pedófilo, que es fresco, que es pervertido, que es asqueroso..., pero se derriten en halagos y coqueteos delante de él. A mi, mi jefe me caía mal. Llevaba una semana trabajando cuando me dijo que yo no le caía bien. Que le era "desagradable". Me pilló volando bajo. Me dijo que si no cambiaba me tendría que ir. Me asombré. Dos días demoré en masticar y tragar semejantes revelaciones. Al cuarto día, haciéndose el chistosito le revelé mi verdad “No me falte el respeto. Usted tampoco me cae bien. Si no me respeta, despidame y lo arreglamos en la inspección”. No lo hizo... la razón... mientras mis compañeras de trabajo me están pelando, mientras están creando mis sobrenombres que tanto las hacen reír, mientras las escucho como traman algo para que me vaya... yo, estoy trabajando. No me despidió porque soy la que más producía y por lo tanto, la que más lo hacía ganar plata.

Por eso no me gusta salir a trabajar... por que no le caigo bien a las personas. No encajo y, aunque me haga la dura, la mala, la super mujer de sentimientos de hielo; por la noche, antes de dormir me atacan los temores de soledad y me doy pena. No quiero caerle mal a las personas, pero me odian. No quiero estar sola, pero nadie me ha querido de verdad.

Eso me hace sentir pena... mucha pena... y adivinen que es lo que me ataca cuando me da pena...

Soy Depresiva...
soydepresiva@gmail.com


Nota: deja tus opiniones, si así se te da la gana.